babilonias travel
«Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes (...) prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical», Ryszard Kapuscinski en "Ébano"
Bárbara M. Díez
Editora y diseñadora de Babilonia’s Travel. Madrileña de nacimiento (1980) y enamorada de Barcelona (2013). En 2004, a su formación y experiencia como periodista, se une la infografía y el diseño ya que es en el periódico El Mundo, en elEconomista y en Negocio donde le enseñan a unir las letras al diseño, para después incorporarse a la redacción de revistas como Altaïr, Fleet People… y cofundar la primera asociación de bloggers de viajes de Barcelona (2013). Después de más de 40 países visitados sabe que lo que importa son las personas y no coleccionar lugares ni fotos en un disco duro. Amante de la palabra «viajar» y vitalista. Curiosea y socializa con todo aquel que se le cruza en el camino para narrar y diseñar una buena historia.
Sao Miguel Azores

Agradecimientos:

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En realidad, os vamos a confesar. Cuando recibimos la invitación del viaje de prensa para visitar la mayor isla del archipiélago de Azores, São Miguel, y cubrir el vuelo inaugural desde Barcelona directo a Ponta Delgada, su capital, pensamos que nos íbamos a encontrar una ínsula muy parecida a lo que se puede contemplar en otros atolones pertenecientes también a la Macaronesia —nombre colectivo de cinco archipiélagos del Atlántico Norte, más o menos cercanos al continente africano: Azores, Canarias, Cabo Verde, Madeira e Islas Salvajes— tales como playas, paisajes espectaculares y naturales… pero para nuestra suerte, nos fue muy grato encontrarnos algo más, realmente estábamos en un Edén en medio del Océano Atlántico. Intentas mirar al horizonte, pero piensas que como cerca estas a más de miles de kilómetros de distancia de un continente (Europa) y de otro (América). Sí, en São Miguel hay algo en el ambiente que te hace entender que estas completamente en el epicentro de un gran océano, de la ruta que siguen las ballenas de un hemisferio a otro, y de una falla. Famosos son sus pequeños temblores con los que su población está más que acostumbrada, aunque de hecho puede ser esta peculiaridad —su origen volcánico— lo que crea paisajes realmente inimaginables con más de 30 lagos,  volcanes y  grutas muy cuidados.

Tan pronto parece que estas en las highlands de Escocia o en prados de Irlanda, como en la selva de Costa Rica, como en un paisaje lunar lleno de piedras volcánicas de diferentes colores, o como en un plaza de Sudamérica por sus iglesias y casas coloniales. Al igual que su clima, llueve y sale el sol casi al mismo tiempo, lo que genera una vegetación frondosa de diferentes tonalidades verdes y una niebla casi constante debido a la condensación de la humedad y el calor. La temperatura varía mucho si se está en zonas altas o en la costa, al igual que la sensación de humedad. Una atmósfera un tanto peculiar pero que hacen de ella muy fresca, de ahí que en la mayoría de las guías se le llame La Isla Verde. Nosotros añadimos: y el Edén perfecto.

São Miguel no es muy grande, tiene unos 70 km. de largo por unos 16 km. de alto, aunque no hay que dejarse engañar por el mapa. La red de carreteras es muy buena, son vías de doble sentido, algún tramo de autovía para conectar las poblaciones principales (Ponta Delgada y Ribeira Grande), pero son muy serpenteantes y se echa en falta algún arcén, lo que las hace relativamente cautelosas para poder circular a una mayor velocidad. Además, la presencia de animales en la isla, sobre todo vacas, es bastante importante, por lo que no es recomendable ir más de 50 km/h según los tramos. Y para remate, hay miradores por doquier, así que sí o sí o sí es necesario parar bastante.

Ruta oeste (occidental)

Sete Cidades —leyendas, lagos, cráteres y hoteles abandonados—

Puede que en la mayoría de las guías de viajes sobre Azores, y en concreto sobre la isla de São Miguel, la principal imagen que se emplea para promocionar sea un gran lago (uno verde y otro azul) divididos por un puente. Bien, saliendo de Ponta Delgada en coche se emplea una media hora en llegar al paisaje protegido de Sete Cidades, una antigua caldera volcánica —el cráter de uno de los volcanes que dio origen a la isla— separada por el Ponte dos Regos que divide el agua en la Lagoa Verde y Azul, es considerada una de las siete maravillas de Portugal. En una de sus orillas sigue presente la pequeña localidad de Sete Cidades que da nombre al complejo.

El recorrido hasta aquí, a pesar de ser corto, es muy variante y lleno de matices de verde. Tanto que se pasa de llanuras aceitunosas a unas carreteras serpenteantes montañosas protegidas por una alta vegetación esmeralda salpicada de hortensias.

La totalidad del área se puede observar desde varios miradores, siendo el más impresionante el de Miradouro Vista do Rei (debido a la visita que realizó el Rey Carlos I de Portugal en 1901). Aunque en la zona hay dos particularidades que suelen pasar desapercibidas a quien sólo toma fotos y selfies desde el observatorio natural. No son sólo los grandes lagos, sino la leyendas de su nombre y de su creación, y un hotel abandonado.

Sobre la creación de las lagunas existen varías teorías. Una de ellas es que la erupción del volcán fue tan salvaje hace miles de años que hizo desaparecer siete grandes poblaciones para evitar la codicia de los marineros que venían a por sus riquezas. Una tradición más de cuento crece alrededor y se centra en un relato con dos amantes, una princesa y un pastor, obligados a separarse y cada uno con un color de ojos diferente (verde y azul).

El Ponte Dos Regos divide el lago de Sete Cidades

En cuanto al hotel abandonado justo en las espaldas del Miradouro Vista do Rei, llama la atención encontrar unos muros de hormigón que ya han sido devorados por la selva. La atmósfera no deja de ser romántica. Ana y José, pareja de portugueses residentes en São Miguel (de los cuales os hablamos en el reportaje Cómo viven y qué piensan los azorianos en la isla de São Miguel) nos desvelaron el misterio. «Aquí a veces no piensan cuando construyen hoteles, el del mirador de Sete Cidades lo levantaron hace 25 años y duró sólo unos meses», nos explica Ana, a lo que su marido apunta que «se trataba de un hotel de cinco estrellas enclavado en un lugar idílico pero no pensaron en el clima de la zona». Y es que durante el día la vista panorámica es idílica, pero cuando cae el sol, la humedad y la niebla se convierte en la protagonista, tanto que la temperatura baja y si no se aclimata el ambiente de manera correcta, no es un lugar apto para una clientela premium. En 25 años lo que queda del hotel son las paredes y los restos de papel pintado, «todo lo robaron después», añade José.

Alrededor de la zona también se pueden visitar lagos menores de origen también volcánico como el Lagoa do Canário rodeado de pinos silvestres, estampa que se asemeja a la que podemos ver en parques de Canadá.

Lagoa do Canário

Llanuras después de dejar atrás los miradores

Descendiendo desde los miradores podemos ver grandes praderas alimento de vacas y más adelante atravesar en coche el puente que divide los lagos de la localidad de Sete Cidades, una villa relativamente nueva y en donde se respira tranquilidad. Casas coloniales bajas, con jardín, huertos, algunas viviendas nuevas, otras en donde se aprovecha la roca volcánica como la iglesia, pero todo al mayor detalle de perfección, no hay un manojo de césped que sobresalga a la carretera. Invade el silencio hasta que un camión lleno de hortalizas agita la paz con su claxon. Es Paulo Roberto con su furgoneta lista para repartir los pedidos que los vecinos le han encargado días atrás, no podemos irnos de aquí sin que los mismos agricultores nos cuenten algo más de este bello paraje y de sus vacas (más info en el reportaje Cómo viven y qué piensan los azorianos en la isla de São Miguel).

En São Miguel es muy común encontrar tanto esculturas realizadas en roca volcánica, como casas e incluso aceras. En la imagen, un párroco de Sete Cidades

Este es un buen lugar para comer, ya no sólo por la calidad de vida sino por sus precios. Puedes degustar un café sólo por unos 0,60€ o almorzar en los pocos restaurantes/bares que hay casi al final del pueblo por unos 10€ por persona. Decidimos probar alguna especialidad de la isla: los quesos, las sardinas y la morcilla con piña.

El caso de las plantaciones de piña (ananás) es un tanto atípico. Durante siglos, la isla gozaba de una economía basada principalmente en la producción de naranjos, hasta que en 1872 este cultivo sufrió una plaga y la renta de la isla tuvo que dar un giro de 180º para adaptarse y salir de la crisis económica en la que estaba inmersa. Es por ello que durante las décadas posteriores se introdujeron en la ínsula productos tales como tabaco, piña, té, patata, entre otros, para volver a tener solvencia. La curiosidad de esta piña ya no es sólo la forma diferente a la que estamos acostumbrados, más pequeña, con sus hojas menos desarrolladas, sino también el sabor, dulce, aromática, de color naranja y cultivada en invernaderos durante un periodo de dos años.

Un café, un cafezinho Delta nos reanimará para seguir nuestro camino hacia la costa oeste.

Ponta do Ferraria —termas, piscinas naturales y cabos—

Dejando el interior de la isla, poco a poco la humedad y el clima más frío va dando paso a una temperatura más elevada y soleada. En menos de 12 kilómetros el tiempo transita de primavera a verano. Esto es Azores.

Llegamos a la Ponta do Ferraria en donde un faro inaugurado en 1901 nos recibe para dejarnos ver detrás de él el inmenso océano. Unos kilómetros más hacia la localidad de Ferraria vemos una empinada carretera que baja hasta la orilla del mar bravío.

Estamos en la punta del mismo cabo, rodeados de lava negra, acantilados salpicados de gramíneas verdes y por debajo de nosotros un agua con unos grados más por el fluir de las fuentes termales (recordemos que estamos en una isla volcánica). Un antiguo cráter —volcán das Camarinhas— y una piscina de color verdoso aparece a lo lejos. Son las termas de Ferraria, llenas de agua de mar, hierro, azufre y algas, de ahí la tonalidad verde. En la isla de São Miguel puedes disfrutar de baños en aguas termales naturales a más de 40º, las de Ferraria son las únicas en donde la sal se mezcla con las aguas sulfuro-ferruginosas de la tierra. Hay que probar las cualidades de esta agua para repornernos del viaje, dejarse mimar por el sol y el sonido del agua chocando en las rocas de lava negra y rojiza.

Mosteiros —el Finisterre de São Miguel—

El sol comienza a estar cada vez más débil. Unos kilómetros hacia el norte nos permiten contemplar una puesta de sol desde la parte más occidental de la isla. La población de Mosteiros goza de piscinas naturales y sus casas unifamiliares se extienden en una larga calle interior. En uno de los extremos las piscinas y en otro su playa para contemplar los islotes y el cabo, es el Pico de Mafra. La vista aquí de los acantilados es única.

Carretera curvas desde Mosteiros hasta Ribeira Grande

Es recomendable seguir la carretera norte desde Mosteiros hasta Ribeira Grande, lo único hay que armarse de paciencia porque las curvas son pronunciadas y la velocidad no debería exceder de 50 km/h para disfrutar del paisaje de acantilados al norte y vigilar las vacas que se pueden cruzar. Conducir por esta vía cuando cae el sol y ver a un lado la inmensidad del Océano Atlántico es indescriptible. Habrá que esperar el siguiente alba para seguir el camino.

💡➡️  Puedes seguir aquí la ruta este (oriental) de la islaEstate atento.

· Cómo llegar

Ya puedes viajar desde Barcelona hasta la isla, sin necesidad de hacer escala en Lisboa, gracias a Azores Airlines (vuelo inaugural)

· Dónde dormir

Os recomendamos Hotel Marina Atlântico**** frente al puerto deportivo de Ponta Delgada. Es un lujo poder contemplar desde sus ventanales y balcones el amanecer rojizo en el horizonte de la inmensidad del Océano Atlántico. Si todavía tienes ganas de estar más en remojo —aunque sin aguas llenas de hierro y azufre—, aquí puedes hacerlo de manera gratuita (sin coste añadido al del gasto de la noche de habitación) en su Health Club provisto de piscina climatizada, jacuzzi, sauna, baño turco y gimnasio. A la mañana siguiente, un buen desayuno tipo buffet con productos locales (leche, mantequilla, quesos, bolo lêvedo típico de la isla… y algunos también sin gluten) ayudarán a reponer fuerzas para toda la jornada. Parking gratuito para los clientes.

Amanecer en Ponta Delgada desde la habitación del hotel. Al fondo, la inmensidad del Atlántico.

· Cómo moverse

São Miguel posee una red de autobuses por toda la isla, pero puede resultar un poco incómodo estar pendiente del horario ya que no tiene mucha frecuencia. Lo mejor, como en todas las islas pequeñas, es optar por alquilar un coche o una moto de alta cilindrada. La empresa Varela Rent a Car nos facilitó para el desplazamiento un Opel Corsa turbo con 6 velocidades, modelo deportivo con llantas de aleación y diferentes extras como el volante deportivo y la opción de city para una mejor maniobrabilidad en la ciudad, entre otros. También puedes alquilar un vehículo de menor gama por unos 30€ al día. En cuanto al aparcamiento, al ser una isla pequeña, durante los meses no estivales tendrás más oportunidades de dejar el coche en la puerta.

· Más información en Visit Azores

© Ilustraciones y fotografías: Carlos García Rubio. Mapa interactivo: Bárbara M. Díez

Bárbara M. Díez
Editora y diseñadora de Babilonia’s Travel. Madrileña de nacimiento (1980) y enamorada de Barcelona (2013). En 2004, a su formación y experiencia como periodista, se une la infografía y el diseño ya que es en el periódico El Mundo, en elEconomista y en Negocio donde le enseñan a unir las letras al diseño, para después incorporarse a la redacción de revistas como Altaïr, Fleet People… y cofundar la primera asociación de bloggers de viajes de Barcelona (2013). Después de más de 40 países visitados sabe que lo que importa son las personas y no coleccionar lugares ni fotos en un disco duro. Amante de la palabra «viajar» y vitalista. Curiosea y socializa con todo aquel que se le cruza en el camino para narrar y diseñar una buena historia.

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