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Playa Badalona

Turismo sostenible, turismo responsable, turismo social, turismo comunitario, turismo slow, turismo de proximidad… Cada vez son más los adjetivos que acompañamos al término turismo y relacionado —por suerte— con lo social y lo ecológico. Y parecen ser cada vez más necesarios. Ya lo decía Ernest Cañada, investigador especializado en turismo responsable, en el curso de Alba Sud (centro de investigación sobre el turismo y desarrollo global) sobre Introducción al análisis crítico del turismo, al que asistimos antes del lockdown coronavirus: «No se puede pensar en conceptos ideales, pero sí en el turismo inclusivo porque ya hay uno excluyente», afirmaba el investigador.

Hace unos pocos años el discurso se centraba más en si eras viajero o turista, y ahora en la era post COVID parece que cuantos más calificativos coloquemos al término turista mejores viajeros seremos.

Pero, ¿de qué sirven todos estos adjetivos si luego no somos capaces de empaparnos de la historia social y económica que conlleva el destino que visitamos? ¿De qué sirve ser un turista slow si vamos más pendiente de hacer fotos para instagram que de vivir y de sentir cómo hacen los locales? ¿De qué sirve un turismo social si no ponemos mucho empeño en pararnos a observar al otro en su zona y empatizar con ellos?

En ese sentido, «una de las primeras preguntas que hacemos a nuestros clientes es si “¿usted se ha sentido protagonista de la película?”», reza Evarist March, guía, formador y consultor de naturaleza en Interpret Europe, la Asociación Europea para Interpretación de Patrimonio. March explica, durante el primer festival online de Travindy —#TravindyFest—, plataforma de comunicación sobre turismo responsable, cómo conseguir no ser un mero espectador del viaje e interpretar el patrimonio. No, que no se confunda con traducción lingüística del viaje, nada más lejos, sino se trata de «valorizar el territorio, crear puentes entre la gente y lo que se ve, que se entienda lo que está pasando», afirma.

Vender versus impactar desde la inclusión

Y es que se ha hablado mucho en estas semanas de confinamiento sobre cómo será el futuro del sector viaje, ese reset para volver a viajar, la cantidad de aerolíneas que quebrarán, las que sobrevivirán, las empresas turísticas, agencias, etc. Como si tuviéramos una bola mágica basada en estadísticas y en informes de previsiones. Y una vez más caemos en el mismo error. Vender, marketing, vender, marketing… en una espiral infinita.

gráfico recuperación economía covid
Fuente: Deloitte.

Pero, ¿y si pensamos en impactar primero y luego vender? Evarist March lo tiene claro, «antes de que compres nada ya te están emocionando y te hacen reflexionar, hay que ser protagonista», y para ello qué mejor que  «profundizar e interpretar en el destino (…) no sólo quedarnos con la anécdota y con la información, eso ya lo tenemos en internet, necesitamos experiencias».

Sin embargo, ¿cómo conseguir ser protagonista en tu viaje, empaparte, que te impacten, beneficiar a las comunidades locales y no ser invasivo? Lo que nosotros llamamos desde hace años #viajarsincolonizar.

Quizás la respuesta esté en otro término, el de ecoturismo. Un vocablo que no es nuevo y que nació allá en los años 90 con el avistamiento de aves en EEUU. Ecoturismo «engloba turismo sostenible con el turismo de la naturaleza, pero no todo el turista de la naturaleza es un ecoturista, porque el impacto que genera es mayor que el beneficio que genera», destaca Clara Cordón, presidenta de la asociación Kowabunga Ecoproyect, de comunidades indígenas y conservación de especies en extinción, en el enclave del #TravindyFest.

«El único futuro del turismo es sostenible»; «si el local trabaja en este resort, deja de gestionar sus bienes naturales para trabajar para otros, y es mejor repartir las ganancias equitativamente en un entorno cooperativo»Clara Cordón

Para Cordón hay tres pilares fundamentales dentro el ecoturismo. Uno de ellos es el fuerte énfasis en la conservación de los espacios naturales, otro es trabajar con las comunidades locales para su desarrollo socioeconómico y, por último, realizar un mínimo impacto tanto social y ambiental. Grandes columnas del turismo que está ya aquí y que se traduce en que «el único futuro del turismo es sostenible».

Ernest Cañada pone el énfasis en el sistema, y como una de las causas de este turismo de exclusión del local. «Hay una maquinaria muy fuerte y poderosa que su evolución implica unos desarrollos de exclusión, lo que necesitamos son unas dinámicas que generen inclusión», comentaba en el experto en turismo responsable.

«Necesitamos unas dinámicas que generen inclusión»Ernest Cañada

Pero como en todos los sectores, siempre hay quien se beneficia de un concepto dando gato por liebre. La presidenta de Kowabunga Ecoproyect incide en la necesidad de desvelar quiénes son las empresas que se suman al ecoturismo «sólo para subir y justificar el precio, pero no son ecoturistas como sucede con algunos santuarios de elefantes en Tailandia o Camboya», resalta. O quizás en entidades que colonizan ciertas zonas e invaden. «Los hoteles ecoturistas están hechos con materiales del entorno, no perturban a la naturaleza de la zona, pero si vamos a un resort en México de un dueño español a pie de playa, tiene mucho impacto ambiental y las tortugas (por ejemplo) no van a desovar», añade.

Pero ya no es sólo el impacto en el medio ambiente, sino en el autóctono que trabaja allí. Está claro que «si el local trabaja en este resort, deja de gestionar sus bienes naturales para trabajar para otros, y es mejor repartir las ganancias equitativamente en un entorno cooperativo, contribuyendo a una igualdad, trabajando con guías locales que te van a contar mejor su historia, etc. Es importante la integración local del proyecto», concluye Cordón.

port Vell Barcelona
Port Vell, Barcelona. © Carlos García Rubio

Viaja, pero primero vive local

La clave está en que «los turistas se conviertan casi en locales, para que el impacto sea menor» en opinión de Daniela Apparente, de Impact Trip, operadora de viajes responsables en Portugal, España y Croacia.

Dentro de las actividades que ofrecen a los viajeros, varias de ellas se basan en la ciudad de Barcelona en donde desde un principio «era muy importante explicar la cuestión catalana, la historia… después tu mente empieza a abrirse, ya que no hay una única dimensión, no sólo como viajero sino también en tu vida», añade Apparente. En este sentido implican de una manera muy directa al local creando unos tours guiados por personas sin hogar que «te explican desde sus puntos de vista la Rambla, el barrio Gótico, cómo funciona el municipio… y te abre la mente, creces como persona».

Puede que estés pensando que si un homeless puede ejercer de guía y qué remuneración tiene. Es una de las preguntas que lanzamos a la responsable de Impact Trip, y nos aclara que «no son empleados directos sino que reciben un ingreso de una asociación, es un gran valor social».

Otro ejemplo local a valorar es la evolución de las iniciativas culturales en Medellín (Colombia). Claudia Álvarez, de Compás Urbano, esclarece cómo este territorio ha pasado de ser un conflicto armado a «derribar esas fronteras invisibles para visibilizar los recorridos y eventos culturales de la ciudad con Bajo la piel de Medellín de Gerardo Pérez». Los mismos locales realizan estas iniciativas, pero últimamente el mercado extranjero se está abriendo. El resultado, en los últimos tres años es que el turismo en la capital colombiana se ha visto incrementado en un 30%.

 

«(en los tours locales) Era muy importante explicar la cuestión catalana, la historia… después tu mente empieza a abrirse, ya que no hay una única dimensión, no sólo como viajero sino también en tu vida»Daniela Apparente

¿Cuál es el nuevo reto post COVID-19?

Por tanto, tenemos un reto, un challenge, un término que se publicita mucho en redes sociales para hacer sobre todo esas coreografías que llevan tanto tiempo y que aportan mero entretenimiento. Como explica el cofundador de Travindy, Jeremy Smith, «antes nos costaba conectarnos a un Zoom, a un Meet, hablar con la familia por Skype», y ahora hacemos conexiones, eventos y charlas inimaginables meses atrás. Si nos adaptamos tecnológicamente, probablemente también nuestro día a día cambie con apps que nos pidan datos sanitarios, adaptemos nuestra movilidad, nuestro teletrabajo, ¿por qué no también evolucionar nuestra manera de viajar?

Que cada cual le ponga el calificativo que quiera, con el que más cómodo esté, pero quizás volver a tener y vivir un turismo como el que ejercíamos y con el que mal-convivíamos no debería ser una opción, como ya no es una opción no saber manejar una aplicación de videoconferencia para trabajar, porque sólo trae turismo invasivo y monopolios que destruyen comunidades locales en beneficio de unos pocos.

Tomemos las riendas de nuestro entorno, seamos los protagonistas de nuestra vida local, también de nuestro viaje fuera, pero no desde la arrogancia, sino desde la comprensión, desde la inmersión. Aprovechemos este obligado parón para reflexionar e incluyamos un término más en este nuevo diccionario viajero: empatía. ¿Quién se anima con el próximo challenge?


©ILUSTRACIÓN DE CABECERA, CARLOS GARCÍA RUBIO: técnica acuarela a mano alzada.
Vista de la playa de Badalona, las Chimeneas de Sant Adrià y el Pont del Petroli.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Buena reflexión sobre viajar más adelante después del covid ,pero que hacemos con esos tours operadores con sus ofertas escándalosas y sin perjuicio por el ambiente que nos rodea

    1. Buena pregunta Ana. Pues es la que nos hacemos todos los días. Quizás, sólo, quizás habría que aceptar que los modelos no funcionan siempre, y que hay que evolucionar. El cambio no comienza esperando a que el sistema cambie por si sólo, con normas, el cambio comienza haciendo modificaciones en uno mismo. Ante tu pregunta, pues quizás sería bueno razonar esas ofertas escandalosas como bien dices y ver qué hay detrás. Si no nos convence, hay otras mil opciones mucho más sostenibles. Pero eso ya depende del propio individuo y sus pilares.

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