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«Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes (...) prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical», Ryszard Kapuscinski en "Ébano"
Bárbara M. Díez
Editora y diseñadora de Babilonia’s Travel. Madrileña de nacimiento (1980) y enamorada de Barcelona (2013). En 2004, a su formación y experiencia como periodista, se une la infografía y el diseño ya que es en el periódico El Mundo, en elEconomista y en Negocio donde le enseñan a unir las letras al diseño, para después incorporarse a la redacción de revistas como Altaïr, Fleet People… y cofundar la primera asociación de bloggers de viajes de Barcelona (2013). Después de más de 40 países visitados sabe que lo que importa son las personas y no coleccionar lugares ni fotos en un disco duro. Amante de la palabra «viajar» y vitalista. Curiosea y sociabiliza con todo aquel que se le cruza en el camino para narrar y diseñar una buena historia.
Pasaia

Cuando dormitamos a la orilla del mar

todo mece y acaricia el oído;

el ruido del viento sobre las olas,

el ruido de las olas sobre las rocas;

oímos, a través de nuestros sueños,

los lejanos cantos de los marinos.

Víctor Hugo, Pasaia (1843)

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A la izquierda la orilla de San Pedro, a la derecha la de Donibane (San Juan)

Cuando el escritor Víctor Hugo, el 4 de septiembre de 1843, se entera durante su viaje a Pirineos que su hija Léopoldine ha muerto en un naufragio en el río Sena, el autor de Los Miserables se ve tan afectado que toma dos decisiones: una de ellas será no publicar más hasta su exilio en 1851, y la otra, quedarse una temporada en Pasaia (Pasajes de San Juan, Guipúzcoa), una pequeña ciudad situada en una bahía de cara al Mar Cantábrico.

«Una casa como no se ve en ninguna parte», rezaba el novelista francés durante su estancia en esta localidad. Hugo estuvo alojado en una casa típica marinera del siglo XVII, de varios pisos, con dinteles de madera, de estilo renacentista y desde la que podía ver a diario el ajetreo de este municipio formado por cuatro distritos: los más marineros, Donibane (San Juan) y San Pedro, y los núcleos industriales Trintxerpe y Antxo alrededor de uno de los puertos de carga más importantes del país.

En el centro de Pasaia, en el segundo arco de «la calle única que lleva a todas partes», decía el dramaturgo haciendo referencia a la vía solitaria que recorre el pueblo de principio a fin y de la que emanan las pequeñas arterias con escaleras empinadas (hoy, un curioso semáforo indica de forma alternada la dirección de la calle para que puedan entrar o salir los coches); aquí Víctor Hugo descubrió qué esconde Pasaia y se quedó prendado de las bateleras.

Pasaia
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Los semáforos de la calle principal (de un sólo carril) indican el sentido de los coches

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Casa de Víctor Hugo de tres plantas típica marinera del siglo XVII

La mujer y la barca para Víctor Hugo

El político —por ser diputado francés— y uno de los primeros hombres en defender la igualdad de sexos descubrió en Pasaia la figura de la mujer en el mar: la batelera.

Víctor Hugo llegó a Pasaia en barca, seguramente desde San Pedro ya que venía desde Donostia (San Sebastián) en su viaje hacia los Pirineos. Un bote que unía los núcleos de Donibane y San Pedro por mar, ya que por tierra era —y es— más lento. Durante su trayecto por mar, la batelera que remaba de orilla a orilla mientras los hombres se dedicaban a la pesca de altura como la del bacalao o la ballena.

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Figura representativa de la batelera en la orilla de Donibane

La figura femenina haciendo de barquera, una labor poco frecuente en los siglos de Víctor Hugo y que encandiló al escritor. En una de sus obras, En voyage. Alpes et Pyrinées, describe a la mujer como «bella, joven, fuerte…» y habla de sus atuendos según la categoría de ésta o sus cantos:

Mientras habíamos dejado la orilla , y navegábamos en la bahía, todo era verde, la ola y la colina, la tierra y el agua. Nuestra barquita fue manejada por dos mujeres, una vieja y una joven, una madre y una chica. La hija, muy hermosa y muy alegre, tenía por nombre Manuela y por apodo Catalana. Ambas barqueras remaban de pie, de atrás adelante, cada una con un solo remo, con un movimiento lento, simple y gracioso (…) con su pequeño sombrero de hule adornado de una rosa gruesa, su coleta larga, trenzada y flotante sobre la espalda de moda del país, su pañuelo amarillo vivo, sus enaguas cortas, su falda bien hecha, mostraba los dientes más bellos del mundo, se reía mucho y era encantadora.

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La batelera desaparece cuando llega el motor y la industrialización

Poco se sabe de este oficio reservado al género femenino, pero gracias a estudios como el que se puede leer batelera, nos podemos hacer una idea de lo que representaban las bateleras en uno de los puertos más importantes del golfo de Vizcaya:

Estas mozas son altas, de cintura delgada y color moreno, sus dientes blanquísimos y admirables; su cabello, negro y lustroso como el azabache, trenzado y rematado con lazos de cinta, cae por la espalda. Llevan sobre la cabeza una gasa fina bordada en oro y seda, que rodea el cuello y cubre la garganta: usan pendientes de perlas y collares de coral, y una especie de jubón de mangas muy estrechas, como las de nuestras bohemias; su aspecto agrada y seduce.

Dícese de estas marineras que nadan como peces y no admiten en su particularísima sociedad a otras mujeres ni a ningún hombre; constituyen una especie de república independiente, a la que acuden las afiliadas desde muy jóvenes con beneplácito de sus padres, que las destinan a tal oficio…

Habitan humildes casuchas a la orilla del río, trabajan para ganar su salario y obedecen a las viejas que las cuidan y asisten…

Hoy el oficio se reduce al motor instalado en una barca que hace el recorrido entre los dos núcleos urbanos, y una estatua en el borde de la ría recuerda lo que estas mujeres aportaron durante una larga época en la historia de Pasaia. Aunque son las más jóvenes las que intentan preservar al menos la sección física del trabajo, así, Eva Mirones ha sido la primera mujer de Pasaia en presentarse a los Juegos Olímpicos de Atenas (2004) para participar en la modalidad de remo donde quedó en la 11ª posición.

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En una tarde de verano, se aprovecha la ría

Pasaia, pequeño pero con grandes historias

No sólo Víctor Hugo se quedó en Pasaia por ver remar a las bateleras desde la ventana de su casa (convertida en museo desde 1902, y más adelante albergaría la actual oficina de turismo), sino porque este pequeño pueblo lleno de verdor y de grandes paisajes a lo largo de la bahía escondía un realismo y un humanismo que quedó recogido en su obra póstuma Los Pirineos (1890).

lafayettePuede que esa misma sensación de entusiasmo al estar en una zona poco transitada, pero con una calidad ambiental y social de gran calado, fue lo que le hizo al marqués de Lafayette llegar en un velero —La Victorie— a Pasaia desde Burdeos en 1777 para cargarlo de víveres y armas. En el siglo XVIII el puerto de Pasaia era uno de los más importantes a escala internacional, según los documentos de la época, así la siguiente parada de Lafayette sería la independencia de los Estados Unidos.

Pasaia también tiene una historia reciente en cuanto. La noche del 22 de marzo de 1984 cuatro miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA) fallecen en una emboscada de la Policía Nacional en la bahía guipuzcoana.

(En esta noticia puedes leer todo lo que sucedió. Hoy, una placa y unas siluetas de aquel suceso en pleno paseo hacia el final de la bahía hacen recordar el tiroteo).

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Y prácticamente enfrente del escenario de la emboscada, en la otra orilla, la localidad guipuzcoana está construyendo (2016) el ballenero San Juan, una réplica histórica de un galeón del siglo XVI. El tamaño desde lejos impresiona.

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Sin embargo, y lo que más impacta al visitante de Pasaia, o al mismo vecino que habita en él, ya no es tanto su historia llena de acontecimientos importantes que parecen pasar desapercibidos, las visitas de célebres personajes a lo largo de los siglos y las pioneras mujeres de su localidad. Toda esa importancia parece como si se quedara sumergida en lo más profundo de la bahía. Su clima invita a vagabundear, a mirar la naturaleza, a relajarse con las vistas, a intentar perderse en esa única calle principal, a ejercer ese viajero flâneur que llevamos dentro y disfrutar y observar.

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Plaza de Pasaia

Mientras habíamos dejado la orilla , y navegábamos en la bahía, todo era verde, la ola y la colina, la tierra y el agua», Víctor Hugo

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Víctor Hugo se dio cuenta de estas características tan peculiares que hacen único a Pasaia y por ello, creemos que, decidió establecerse allí durante un tiempo. Él mismo lo definía como «un pequeño edén resplandeciente… célebre si estuviera en Italia». Lamentablemente, señor Hugo, lo sentimos, pero Pasaia se queda en Euskadi.

Bárbara M. Díez
Editora y diseñadora de Babilonia’s Travel. Madrileña de nacimiento (1980) y enamorada de Barcelona (2013). En 2004, a su formación y experiencia como periodista, se une la infografía y el diseño ya que es en el periódico El Mundo, en elEconomista y en Negocio donde le enseñan a unir las letras al diseño, para después incorporarse a la redacción de revistas como Altaïr, Fleet People… y cofundar la primera asociación de bloggers de viajes de Barcelona (2013). Después de más de 40 países visitados sabe que lo que importa son las personas y no coleccionar lugares ni fotos en un disco duro. Amante de la palabra «viajar» y vitalista. Curiosea y sociabiliza con todo aquel que se le cruza en el camino para narrar y diseñar una buena historia.

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