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Carmen Garrido Pérez Museo Del Prado

Qué decir de Carmen Garrido Pérez! Como persona es muy cercana y transpira sosiego, sapiencia y humildad. Mientras conversamos de manera distendida pero sin perder el rigor, pese a que la charla se realiza a través de una pantalla que unen los 700 km que nos separan, Carmen se emociona al explicar que su vida ha transcurrido y transcurre rodeada de arte. En el mundo académico del análisis técnico-artístico sobran las presentaciones. Gran pionera en el mundo de la historia del arte en donde creó y lideró el Gabinete Técnico del Museo del Prado (Madrid), junto al doctor José Mª Cabrera.

Su currículum es completísimo. Doctorada en Historia del arte por la Universidad Autónoma de Madrid, se especializa en el análisis físico-químico de la pintura como conocimiento complementario al bibliográfico para dar una visión más holística del arte pictórico.

Ha trabajado en la Universidad de Lovaina la Nueva, la pinakothek de Múnich y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York entre otras instituciones artísticas. Ha analizado más de dos mil obras del Museo del Prado desde el siglo XV hasta el Guernica de Picasso. Y sus publicaciones son la linterna necesaria para adentrarse en el mundo invisible de las capas pictóricas, las cuales han sido vetadas al ojo humano hasta la aparición de la tecnología y sus intérpretes. Hoy, gracias a esta disciplina —y a ella— podemos entender mejor el proceso creativo de los pintores del pasado.

¿Qué es el arte?

Pregunta indispensable para una autoridad en la materia.

— «El arte es cualquier tipo de manifestación que a ti te produzca un sentimiento placentero,  de equilibrio o desequilibrio. Puede ser una florecita (…) o hasta un buen libro»

También cree que la naturaleza es la gran demiurga, es decir, que es creadora de objetos estéticos. Esta afirmación crea un cisma filosófico dado que durante siglos se había creído que la creación artística ex nihilo era una manifestación exclusiva del ser humano.

— «Creo que la Natura genera las mejores obras de arte»

Confrontando sobre el referente y su representación, la historiadora se posiciona manifestando que la naturaleza es superior a la ficción.

Carmen argumenta que el referente es más completo, puesto que irradia con sus dimensiones voluptuosas nuestros sentidos receptivos, mientras que la reproducción es algo parcial de lo primero. También añade que numerosas veces se tienden a elaborar artificios para aportar una chispa de esa vibración que posee la realidad. El referente se maquilla.

Historia del arte

— «No entiendo el estudio del arte sin el estudio técnico de la pintura. La técnica te ayuda a reconocer al pintor»

La experta desde hace décadas tiene una visión revolucionaria acerca de cómo debería ser contada la historia del arte. Cuando estudiaba tuvo que consultar y aprenderse un listado de fechas e información teóricacosa necesaria, nos comenta—, pero sintió que esa manera de estudiar la evolución de las obras de arte y sus autores era coja y fría, le faltaba algo.

— «Para mí la bibliografía es como un libro, es literatura. Tienes que mezclarlo con la parte más humana y cercana al artista»

La historiadora quería ir más allá de la trillada bibliografía. Una vez creado el gabinete con la tecnología adecuada, nuestra protagonista se embarcó y navegó entre las capas de pintura sondeándolas para descubrir los secretos que allí habitaban.

Estas capas narraban objetivamente el proceso de creación del autor y por tanto se podía conocer mejor a éste. En el estudio de los materiales del arte, al estar inmerso sólo en los procesos creativos, se vive más la experiencia que una vez saboreó el artista y de esta manera descubrimos cómo el autor programaba su cabeza para pintar.

 

«No entiendo el estudio del arte sin el estudio técnico de la pintura. La técnica te ayuda a reconocer al pintor»

 

— «Ellos han llegado a nosotros con esos cuadros desde los soportes y el dibujo, construyendo la obra hacia afuera. Nosotros tenemos que llegar al conocimiento de ese cuadro, desde la superficie penetrando con los métodos diferentes para  llegar al fondo». «Hay que desmenuzar lo que pintaba para poderlo conocer más en profundidad»

Carmen explica lo importante que es tener un buen profesor o un buen guía cuando se enseña en los contextos artísticos. Prefiere que se explique cómo ver, antes que se haga una descripción superficial de alguna obra. Asimismo, los medios de comunicación condicionan la pedagogía del arte y nos pone el ejemplo del Guernica de Picasso. Siempre nos han hecho creer que este titánico cuadro estaba pintado en blanco y negro con matices de grises, pero no es así, nos explica.

— «Tiene marrones, rojos y azules…»

Inicios del Gabinete Técnico del Museo del Prado

Para iniciar la ardua tarea de analizar minuciosamente los cuadros del Museo del Prado, se requería de una tecnología y conocimientos que hasta la fecha no estaban adaptados para trabajar de manera rigurosa.

Nuestra investigadora se doctora en 1978 en el Instituto de Patrimonio Histórico Español cuyo director era el doctor José Mª Cabrera. Ambos montan el Gabinete técnico del Museo del Prado en a década de los 80. En esa época, los grandes aparatos para analizar las capas de pintura con longitudes de onda diferentes eran conocidos y utilizados en otros países de Europa como Londres, París o Bruselas, pero no en España.

— «Partir de cero es muy difícil. Hemos aprendido sobre la marcha, puesto que estos estudios no estaban hechos»

Carmen incide en que el primer autor que se estudió ampliamente fue El Greco.

El Greco

¿Conocemos el 100% de un cuadro con los métodos que tenemos?

— «No, no creo que nunca se conozca el 100% del cuadro. Creo que sabemos más»

Así de contundente responde la historiadora arguyendo que es esencial una interpretación humana, basándose en las pruebas objetivas tecnológicas para dar la explicación más acertada de lo que acontece en las superficies pictóricas.

—«Hay que saber interpretar los análisis, si no, no sirven para nada tantas pruebas»

Se necesitan múltiples pruebas complementarias con luces de longitudes diferentes para poder ver los diversos niveles que tiene un cuadro. Antiguamente los formatos de las placas radiográficas eran limitados y había que empalmarlos a mano uno a uno, eso generaba pérdidas de información muy valiosa. Ahora se pueden hacer barridos más extensos de imágenes dado que la tecnología digital computadorizada ha cambiado el paradigma en la restauración e investigación del arte.

Está claro que Carmen conoce las intimidades de los cuadros cual madre, pero ¿qué sentimiento especial tiene hacia ellos? La investigadora Garrido es una privilegiada, ya que se sabe todos los rincones de los cuadros que analiza. Los puede ver sin barreras físicas y con una luz más intensa a diferencia de la gran mayoría de amantes del arte. Todas estas ventajas generan un vínculo de proximidad que hacen del estudio una experiencia más intensa.

— «Conociendo los cuadros así, son más íntimos tuyos»

Cómo disfrutar en el museo…

— «He visto niños de tres años que vienen con una lección aprendida. Les daban cromos como los Pokemon y te sabían decir quién era el del cuadro. Después salían encantados»

Nuestra entrevistada no es partidaria de llevar a los niños o a los adultos a ver el museo sin rumbo. Prefiere centrarse en explicar un conjunto de cuadros para no saturar la mente. Cree que es conveniente ir más veces al museo que abarcarlo todo en una sesión.

— «A partir de la octava o décima sala ya no ves nada»

Es curioso que los amantes del arte coinciden que ir una vez al museo es estéril. Hay que volver y revisar para poder aprender cada día un poco más sobre una obra o un artista en concreto. Interiorizar mentalmente un cuadro es imposible.

— «Yo he estado toda la vida con los cuadros y cuando voy y miro, siempre encuentro algo nuevo»

La predilección de Carmen y la técnica de Velázquez

Aunque las obras que ha analizado durante toda su trayectoria sean de un perfil clásico y académico, Carmen declara ser una amante del arte moderno y del contemporáneo. Reconoce que las vanguardias artísticas no las entendía de la misma manera que el arte antiguo, pero a medida que las estudió, comprendió su naturaleza y eso fue esencial para su aceptación.

— «A todo lo que le dedicas un tiempo y lo estudias en profundidad, le tomas aprecio»

No lo dice abiertamente pero tiene predilección por Velázquez. Lo conoce como pocos. Cuando le preguntamos qué características tiene que tener un cuadro para ser un Velázquez, ella descodifica el ADN de las obras del maestro sevillano en pocas pinceladas.

 

«Yo he estado toda la vida con los cuadros y cuando voy y miro, siempre encuentro algo nuevo»

Velázquez

— «¡Un cuadro de Velázquez tiene que ser bueno!»

A los ojos de nuestra entrevistada, Velázquez tiene una evolución estética que va de una pintura inicial caravaggiesca, basada en claroscuros, hacia a una luminosidad propia de los venecianos como Tiziano y Veronés, adquirida en sus viajes por Italia. Los fondos ya no son pardos ni oscuros, sino claros dado que utiliza mucho blanco de plomo. Carmen nos confiesa que el maestro sevillano pintaba alla prima, es decir, casi sin dibujo preparatorio, tan sólo unas líneas de puesta en escena. Trabajaba sobre la marcha transformando la obra y una o dos capas de pintura eran suficiente para acabar su cuadro.

Analizando sus pinceladas queda patente que pintaba muy rápido y sin pensar en protocolos académicos, una manera muy moderna y libre de abordar la pintura de su tiempo. Con una paleta tan reducida —tan sólo cinco o seis pigmentos— fue capaz de inmortalizar la instantánea cromática de su época.

Nuestra experta destaca que existen dos conjuntos de pintores: los que pintan por transparencia o por opacidad. Existe una cadena de transmisión del conocimiento de la pintura por transparencia que empieza en El Greco, después pasa el testigo a Velázquez, continúa con Goya y finaliza con Picasso. Un material clave utilizado antes por Rembrandt y Rubens que ayudó a Velázquez a crear las citadas transparencias fue la calcita (carbonato cálcico), que añadida a la pintura al óleo le confería esa cualidad translúcida tan reverenciada.

Otro aspecto que utilizaba el genio sevillano fue crear texturas visuales y táctiles, echando pigmentos sobre la capa pictórica fresca, para generar una reverberación de la luz en la superficie.

La restauración

La conservación de un material único exige un buen equipo de restauración. Carmen es contundente, la tarea de un buen restaurador es vital:

— «Un buen restaurador es todo para la obra»

Ella es de tocar poco los cuadros, nos confiesa. Siempre ha tenido mucho respeto a la restauración y siente gran pena cuando manos incompetentes desbaratan una obra única. Un ejemplo claro es el Ecce Homo de Borja o la reciente intervención sobre una virgen de Murillo en Valencia.

— «El problema de la restauración es muy serio, como cualquiera se mete a restaurar…»

El futuro del arte

— «No creo que el arte haya llegado a su techo, será diferente»

Garrido argumenta que el arte aún tiene recorrido ante un aparente estancamiento actual, arguyendo que los artistas se inspiran siempre en sus semejantes para poder desarrollar su propia técnica. Tienen que venir nuevas herramientas y conceptos en el arte y eso lleva a  una continuidad. La investigadora relata que Rubens fue copista de Tiziano pero aún así no hacía meras copias, él aportaba una estética diferente. Este sistema de aprendizaje basado en las miradas retrospectivas se ha hecho durante siglos de vínculo aprendiz-maestro.

— «No son copias vulgares, son copias con modificaciones (…) Los pintores practican técnicas para luego llegar a la suya»

Lamenta que hoy en día se suelen repetir muchas prácticas artísticas del siglo pasado sin aportar nada nuevo o interesante.

— «Echo de menos el pintor que pinta… (…) Veo que hay gente que repite cosas que son de los principios del siglo XX (…) Todo tiene que partir de la base técnica tradicional y luego ir evolucionando hacia tu estilo propio»

 

«No son copias vulgares, son copias con modificaciones (…) Los pintores practican técnicas para luego llegar a la suya»

 

Making of de la entrevista. ©Bárbara M. Díez

 

¿Disfrutar o hacer un check list en la lista de cosas por ver…?

En nuestra publicación siempre hacemos hincapié en la huella humana, la ecología y las relaciones sociales dentro de un territorio. Pensamos que los espacios culturales tienen que adaptarse de una manera más inclusiva y didáctica, para que el conjunto de la sociedad se vea identificada y nazca en ella un sentimiento de pertenencia mayor. Creemos que los museos no deberían sólo ser máquinas turísticas de hacer dinero, sino espacios de reflexión y aprendizaje. Carmen es sincera:

— «La mayoría de museos están con este problema. Y no se dan cuenta. Están planteados de esta manera: cuadros colocados en salas y turistas que pasan y pasan y pasan… Sin darles una información, sin intentar dirigirlos en ese camino»

— «He visto a turistas japoneses entrar con la que lleva la banderita y a la media hora salir por la otra puerta. ¿Qué han visto esos japoneses? ¡Pues nada! (…) La gente pasa como borregos por los museos»

Entonces, ¿cómo mejorar la experiencia al visitante? Nuestra experta argumenta que están surgiendo iniciativas en algunos museos como en el Reina Sofía o en el Thyssen Bornemisza. Ambos tienen experiencias interactivas, con la ayuda de tablets o aplicaciones móviles, para modernizar un poco la antigua dinámica y darles así otro sentido.

Está claro que la doctora Garrido se define por no tener pelos en la lengua, así que para finalizar la entrevista nos apela a todos para hacer un turismo artístico local y descubrir los tesoros de nuestro territorio, «en vez de ir a las antípodas, que resulta más exótico y suele ser tendencia…». Quizás la nueva moda, por suerte, sea visitar y aprender de lo más cercano, hasta llegar incluso a lo mínimo como son las capas de una pintura. Lo tendremos en cuenta, maestra.

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