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Lloret de mar

«Pepito fue uno de ellos…»


Quizás, que Lloret de Mar nos recibiera con lluvia y truenos, era una señal para descubrir lo que la localidad gironina alberga fuera del circuito habitual del sol y playa (y noches de borrachera, habituales en los medios de comunicación).

Allí estábamos, parados, de pie, con el paraguas en medio del Passeig Jacint Verdaguer. Nuestras sandalias veraniegas se hundían en medio de la arena rojiza que ocupa todo el paseo, espacio que recorre desde el ayuntamiento al museo marítimo. Y enfrente, el mar con un fuerte oleaje, como si nos trasladara a otra época en donde él tenía protagonismo y el suelo que estábamos pisando.

(Es evidente que las fotos siguientes pertenecen a otro día).

Lloret de Mar
© Turismo de Lloret de Mar
Lloret de Mar
© Turismo de Lloret de Mar

«Aquí había tres astilleros», nos explica Anna Penya, nuestra guía. Y es que la ciudad situada en la Costa Brava era un lugar importante del Mediterráneo en la fabricación de navíos, hasta la llegada masiva del barco de vapor en el siglo XIX. Es esa época cuando «estos terrenos se quedan vacíos —porque ya no había astilleros— y los indianos que volvían de América compraban los terrenos para hacerse sus casas». Y es aquí cuando la historia de esta urbe de más de 40.000 lloretanos toma relieve con la vida de los indianos, los que iban y volvían de las Américas… Aunque si bien es cierto, durante muchas décadas, ha sido un relato desplazado por el turismo de sol y playa, y viajes poco sostenibles promocionados por el boom turístico de los años 50 y 60. Un tipo de turismo que ha perdurado hasta nuestros días, pero que afortunadamente parece que esta línea —antes inamovible— está empezando a cambiar.

Like a local (como un local)

«La sostenibilidad forma parte de nuestro eje de acción desde hace años», nos explica el alcalde de Lloret de Mar, Jaume Dulsat, en un encuentro exclusivo para Babilonia’s Travel en el hotel L’Azure (antiguo casino y hoy rehabilitado como un hotel adult-only de cuatro estrellas superior). Sin embargo, ahora este movimiento sostenible, en sintonía con el local y el turista, «cobra más importancia con los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030». Hoy apostamos «por la movilidad con un billete de bus por 5 € al día para que el turista pueda desplazarse por la ciudad, hemos creado aparcamientos disuasorios a la entrada para que se deje el vehículo privado, y tenemos una colaboración público-privada para la conservación del patrimonio», nos especifica. 

Unas acciones muy dirigidas a la parte ecológica y medioambiental del lugar, pero ¿y qué sucede con la cultural, histórica y social de Lloret de Mar? «Desde el punto de vista de campañas de civismo, hay una concienciación en la cohabitación entre el local y el turista, no queremos que pase como en otras ciudades como Barcelona, en donde el local tiene una animadversión hacia el turista, queremos fomentar ese buen entendimiento», nos apunta Dulsat. Una relación en donde gana el residente y el visitante debe «no hacer ruido, vestir correctamente por la calle y respetar el patrimonio que tenemos», entre otros.

¿Por qué ahora? ¿Ya no se coloniza en Lloret de Mar? Si bien «es cierto que en los 90 y 2000 se veía de otra manera el turismo, como un ámbito más económico y social, hoy en día la gente quiere también disfrutar de su territorio y su ciudad, y el turista también quiere vivir como un local, like a local» nos confiesa su alcalde. «Ya nos gusta que ellos disfruten, que el visitante sea cuidadoso con el patrimonio, porque tenemos una historia que la gente no conoce, y cuando la ponemos en valor, es un orgullo para nosotros», señala.

Puedes escuchar la entrevista completa aquí:

Indianos: de pobres a ricos, ¿o desaparecidos?

Suenan como un mantra las palabras del alcalde, ya que Anna Penya, nuestra guía, las repite una y otra vez: «tenemos una historia que la gente no conoce». Y después de dejar el Passeig Jacint Verdaguer y adentrarnos en el corazón de Lloret de Mar, empezamos a entender el patrimonio y legado que hay en Lloret.

Un casco antiguo rico en casas coloniales como la de Can Font, la única residencia indiana visitable de toda Catalunya. Antigua guardería y remodelada para conseguir su funcionalidad, este hogar modernista de varias plantas y patio fue construido en 1877 por encargo de Nicolau Font i Maig, de los pocos indianos que volvió de hacer las Américas con una fortuna bajo el brazo.

Lloret de mar
Lloret de mar

Can Font, la única residencia indiana visitable de toda Catalunya

Lloret de mar Can Font
Lloret de mar Can Font

Anna Penya nos confiesa que solo el 1% de todos los que partían al otro lado del charco, venían con riquezas. Algunos lo hacían «habiendo perdido la maleta en el estrecho», según explica Penya, y otros directamente no regresaban… como Pepito, «que fue uno de ellos…».

Pepito es uno de esos personajes que les coges cariño sin haberle conocido. Cuentan que partió de Lloret de Mar para intentar hacer fortuna como otros cuantos, pero que al llegar a Cuba tuvo que trabajar en diferentes tiendas de víveres para poder comer y dormir «detrás de la barra de la tienda», nos descubre nuestra guía. Cada cierto tiempo la familia de Pepito en Lloret recibía las cartas de él, de cómo le iba en la isla del Caribe, cómo era la vida allí, sus hazañas… Epístolas que han servido para conocer más a estos hombres que se iban a hacer las Américas. Así durante años, hasta que un día las cartas ya no llegan. Se le pierde la pista. Las malas lenguas hablan sobre la relación que tenía Pepito con su tío en Cuba, y que no era especialmente buena, quién sabe si quiso desaparecer. Aunque hay otras teorías que explican que algunos le vieron años después como miembro de la policía secreta… Sea de una manera u otra, su legado ha servido para poner nombre y cara a los miles de personas valientes que dejaron su familia y tierra, y se adentraron en un mundo desconocido para intentar mejorar su estatus económico.

Lloret de mar Can Font
Lloret de mar Can Font

El daiquiri y Lloret, una relación de siglos

Al salir de la casa ha dejado de llover. Es hora de un aperitivo. Y aquí también la historia indiana entra en juego. Sin querer nos vemos con un daiquiri en la mano y entrevistando al alcalde en el hotel L’Azure, pero ¿qué relación tiene este cóctel con la villa lloretana?

Si bien el daiquiri es una bebida que se comenzó a beber en el mítico local El Florida (El Floridita), en la ciudad de La Habana (Cuba), lugar creado por el lloretano Narcís Sala, Constantí Ribalaigua, también lloretano, comenzó a trabajar en El Floridita y después se convirtió en su propietario en 1918. Allí rediseñó el daiquiri N4, elaborado con batidora eléctrica y un ron de cereza llamado marrasquino, más ese granizado. Como vuelta de tuerca, el ron de ese N4 hoy descansa en barricas de Olot (Girona), y Constantí preparaba los daiquiris al escritor Ernest Hemingway en La Habana, eso sí, con menos azúcar que era diabético.

Ahora nos toca a nosotros. Saboreamos nuestro cóctel y nos asomamos a la terraza para ver la piscina infinity pool del hotel y la cantidad de casas, otros hoteles y apartamentos que hay construidos alrededor. Y entendemos lo que Lloret de Mar esconde detrás de todo ese enjambre de hormigón turístico: un buen legado cultural que no solemos ver si nos quedamos solo en la playa, tomando el sol y escuchando música (o haciendo balconing en el peor de los casos, como relataban los medios de comunicación).

Ya no sabemos si es el sol que ha salido con toda la fuerza de un mes de junio o el licor de nuestro daiquiri, pero comenzamos a hacernos muchas preguntas para reflexionar, esas que tanto nos gustan. ¿Quedarse en lo más superficial o descubrir el territorio para comprender mejor el lugar que visitas? ¿Vender la playa y el sol o más la cultura-historia y lo local? ¿Un paradigma establecido durante décadas difícil de cambiar? Quizás Lloret de Mar ha encontrado la solución para dar el primer paso hacia la verdadera sostenibilidad en el viaje.

DESTACAMOS (más info)

Jardines de Santa Clotilde

Situados encima de un acantilado entre Cala Boadella y la Playa de Fenals, posee unas impresionantes vistas sobre el mar. Esta zona verde de unos 27.000 m2 esconden una historia de amor. El marqués de Roviralta, indiano de Lloret, decidió encargar en 1918 la construcción de los jardines románticos y dedicársela a su mujer Clotilde Rocamora. Pero lamentablemente, ella murió años antes de que las obras finalizaran, «a causa de una ostra en mal estado», según asegura nuestra guía. Hoy podemos disfrutar del espacio, del botánico de plantas y de esculturas de sirenas como las que realizó María Llimona, hija de Josep Llimona (‘Desconsuelo’).

Poblados íberos

Montbarbat, Puig de Castellet y Turó Rodó.

Cementerio modernista

Declarado como bien de interés, cuenta con un alto legado indiano. El nuevo emplazamiento, tras la llegada de los indianos, incluía un nuevo proyecto ideado por el arquitecto Puig i Cadafalch, autor entre otros, del panot mítico del suelo de Barcelona. En 1892 se encarga el nuevo proyecto al arquitecto Joaquim Artau i Fràbregas. La obra del nuevo cementerio fue posible gracias a iniciativas privadas de familias con vínculos comerciales de ultramar, o directamente con la alta burguesía barcelonina. Puig i Cadafalch trasladó las tendencias urbanísticas de las grandes ciudades del siglo XIX: avenidas, paseos, plazas… Todo el cementerio está organizado por una jerarquía social.

Camino de Ronda

Parte del recorrido atraviesa el municipio.

Nota para el lector: cumpliendo con nuestra línea editorial, informamos que este es un artículo de un viaje de prensa.

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© ILUSTRACIÓN DE CABECERA: CARLOS GARCÍA RUBIO

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