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El último Escultor Con Solera Del Born Echa El Cierre

Si nos remontamos a la noticia que publicaba el periódico La Vanguardia en 2011, leemos: «El Born, sede de galerías y museos de arte. El barrio de la Ribera es exponente de arte, bohemia y cultura. Se presenta a vecinos y turistas como un escenario emblemático que sirve de inspiración para un gran número de artistas y jóvenes diseñadores que deciden instalar sus pequeñas galerías y tiendas de arte junto a grandes museos».

Hoy (28 de febrero de 2020), Luis Clúa, vecino del barrio y uno de los últimos escultores de la vieja escuela, tiene que dejar su pequeño taller de la calle Portal Nou, en el corazón del barrio del Born-La Ribera en Barcelona. Así lo testifican las letras en papel hechas a mano y pegadas en el vidrio del escaparate: liquidación por cierre. Pero, ¿qué ha sucedido en este tiempo para que un taller de escultura cierre en pleno distrito del arte según la noticia de hace casi 10 años?

taller portal nou local

La situación que existe en uno de los espacios más céntricos de la ciudad condal es bastante cínica. La Ribera está rodeada por doquier de galerías de arte, de tiendas de diseño y de museos dedicados a las Bellas Artes, todos visitados por cientos de turistas al día y que dan esa visión de la época de bonanza artística que ostentaba el barrio con vecinos como Picasso o Gargallo. Un decorado teatral que queda plasmado en las guías y en las fotos de turistas-instagramers que visitan el barrio, pero que no refleja el backstage real.

barrio born turismo
Un decorado teatral que queda plasmado en las guías y en las fotos de turistas-instagramers que visitan el barrio, pero que no refleja el backstage real.»
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Muchos son los que fotografían los pilones de colores, pero pocos los que se fijan en la historia del barrio y en sus vecinos.

Si miramos más allá, veremos que también El Born alberga a artistas menos conocidos fuera de ese circuito marcado en las guías y que pocos ya se atreven a explorar. Es aquí donde encontramos a Luis esperando a que algún viajero pase y entre en su taller, porque en estos ocho años de vida artística al pie de Portal Nou «el 90% de las ventas han sido a extranjeros», pero ahora ya no. «Ya me he cansado del “oh, qué bonito” y ya está… ¿para qué acumular más piezas?», nos confiesa mientras termina de dar forma a una de las últimas (y quizás pueda ser la última) esculturas que tiene entre sus manos.

¿Culpa sólo de la crisis económica o también de la educación en el arte?

Aunque Luis se presenta como un artista (casi) jubilado, basta con ver la expresión de su cara y su apariencia tan personal para darse cuenta de que el arte continuará en él, su vida ha dado diferentes rumbos sin parar.

Comenzó estudiando en la escuela de Artes y Oficios de Barcelona «hace más de 30 años», en ese tiempo trabajaba, durante 13 años, como ingeniero técnico en una empresa de patentes, y anteriormente como mecánico de coches. Más tarde «se me cruzó la fotografía» porque había estado en la Agrupación Fotográfica y se juntó con un amigo en un estudio del barrio de Gracia durante 16 años. «Fueron unos años buenos hasta la crisis», asiente, «pero ahora ya no estamos en una época en que esto tenga salida».

taller escultor barcelona

Tras tener que dejar profesionalmente el mundo de la fotografía, «alquilé este local hace ocho años para pasármelo bien, tenía la puerta cerrada y era mi lugar de trabajo, nada más, pero una vez alguien me dijo que si habría la puerta sabrían que existía, y empecé a vender». Esto al principio, porque ahora las ventas son tan escasas que tiene que cerrar. «Ya no se valora este trabajo, y tengo unos precios de chiste». Quizás sea culpa de la crisis, o quizás también de la escasa educación que hay para respetar y valorar el arte, «todo se junta, de esto (las piezas de madera) no se come y la gente hoy tiene otras prioridades (…) aunque los que tienen dinero sí que compran pero a artistas reconocidos porque es pura especulación, las galerías importantes quieren a gente reconocida y los hoteles no aceptan esculturas por el miedo a que las roben».

El oficio de tallar la madera

El olor a serrín impregna constantemente la estancia. De las más de 500 piezas realizadas en diferentes maderas (cedro, pino, almendro, fresno…), todas están fotografiadas y colgadas en Pinterest y en Flickr —artista sin dejar el oficio de fotógrafo—. «Más de 200 están regaladas, he vendido unas 100 y lo demás está aquí o en casa», guardando a buen recaudo sus favoritas cuando le preguntamos cuál es su pieza preferida.

Ya no se valora este trabajo, y tengo unos precios de chiste». Quizás sea culpa de la crisis, o quizás también de la escasa educación que hay para respetar y valorar el arte, «todo se junta, de esto (las piezas de madera) no se come y la gente hoy tiene otras prioridades (…).»
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Wengué, 64x15x8cm

Por qué el arte nos hace —o nos debería hacer— reflexionar

¿Luis, cuál es tu pieza preferida? He aquí su contestación:

TÍTULO:  Silueta-siluetas  ( 2, 1, 3 )

DESCRIPCIÓN: Son dos piezas que individualmente cada una de ellas es una silueta, pero que combinadas, el espacio vacío entre ellas crea otra silueta humana en una de las posiciones, y unas ondas asimétricas en la otra posición. La obra representa dos personas, o una, o tres dependiendo de la interpretación del observador.

ORIGEN CONCEPTUAL:

«Un amigo pintor, un día me trajo dos listones de madera de wengué. Yo le pregunté:

— “¿Qué quieres que haga con dos palitos?” (Yo estoy más habituado a trabajar una única pieza a partir de un tronco de madera).

— “Trabaja el vacío”, me contestó.»

escultura madera
escultura madera
escultura madera

Luis no se lamenta de su decisión actual y de todo lo que ha realizado en estos ochos años de taller al pie de Portal Nou. Aunque bien sabe que, ante las escasas facilidades para el arte, podría haber obtenido más ventas «si hubiera expuesto en Paseo de Gracia o hubiera tenido un padrino con dinero, pero uno llega hasta donde llega», nos explica con ojos que expresan risa por una parte y, por otra, una cierta melancolía.

«¿Y qué hará a partir de ahora?», le preguntamos. «Estar con mi mujer que se acaba de jubilar, y, además, con el gasto de alquiler del taller nos dará para cuatro o cinco buenos viajes al año».

Salimos del local con la certeza de que lo que hoy es un espacio de creatividad e historia del arte y del barrio, mañana se convertirá en otro local más del barrio con un cartel colgado de Se alquila o, en su defecto, la apertura de otro negocio-atracción turístico-artística que aparecerá en las principales guías de viajes.

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