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Olérdola (I): Vinos Ecológicos E Historias Con Solera En El Penedès

Cuesta creer que hace 50 millones de años todo lo que estamos viendo ahora era mar. Es difícil de imaginar si no fuera porque en la pecera llena de agua, que tenemos delante de nosotros, reposan ostras y formaciones coralinas de la zona datadas de más de 15 millones de años. «Las hemos encontrado en medio de las viñas», relata Marcelo Desvalls, propietario de la finca Viladellops (Olérdola), en la comarca del Penedès. El despacho en el que nos recibe parece una sala de reuniones de junta, de esas que hacen las empresas grandes, con sus sillas tapizadas y una de ellas denota dirigir a todas las demás. «Esta característica le da una tipicidad a la tierra para que estos vinos tengan unos elementos únicos», continúa Marcelo explicando mientras observamos el ventanal de la estancia que da a las 60 hectáreas de viñas ecológicas sobre un suelo de naturaleza calcárea, típico del Macizo del Garraf. Al fondo, el castillo de Olérdola vigila en la lejanía.

«El padre de mi abuela compró la propiedad a principios del siglo XX y ahora nosotros cultivamos variedades autóctonas como el xarel·lo (vino blanco) y la garnatxa (vino tinto)», añade mientras coge una botella de agua y nos insta a ponernos un sombrero para ver más de cerca las 180.000 cepas que tiene.

El calor aprieta en un mes de marzo, pero eso no impide que el dueño de Viladellops nos guíe entre sus tierras al más estilo serie de televisión norteamericana de los años ochenta rodada entre viñedos. Su mujer, María José Dalmau, no nos pierde de vista en todo momento con llaves en mano como si durante el camino fuéramos a entrar en otras estancias no abiertas al público. Nos sigue los pasos.

Penedes

Concepto sostenible, ecológico y social en el Penedès

Paramos en medio del campo. El polvo y un pelo blanco se quedan enganchados en la suela de nuestros zapatos. A la respuesta de «nuestros vinos son ecológicos», viene la pregunta de «¿cómo?». Desvalls confiesa que su negocio se basa en el «intangible de las cosas», esto es, en «las buenas prácticas». Es mejor utilizar unas feromonas enganchadas en unos alambres al lado de las viñas, ya que ellas «matarán selectivamente» lo que puede dañar la viña, en lugar de los herbicidas porque «matas todo, lo bueno y lo malo».

Además, Marcelo lo tiene muy claro, «lo importante es, que el que pase (por la vida) no la destroce», de esta manera crea un ecosistema colaborativo y de buenas prácticas entre sus vecinos. «Dejo que el pastor tenga a sus ovejas en mi campo, me lo limpian y una vez al año me regala un cordero», comenta señalando todo el pelo blanco que hay enganchado a las viñas y el suelo aplastado por el paso de los animales. También «dejo que el apicultor de la zona cuide el entorno con sus abejas, y luego tengo miel», añade.

El recorrido por la finca sigue hasta una pequeña ermita, la de Sant Joan, patrón de Viladellops. Es románica (siglo XIII) y construida aquí porque en el año 958 la Orden del Hospital de Sant Joan de Jerusalém (templarios) se establece en la zona bajo la protección del castillo de Olérdola, tras reconquistar el castillo a los musulmanes. En 1825, después de la Desamortización de Mendizábal, se expropia y pasa a ser de la gente que trabajaba la tierra. Dentro encontramos un matrimonio que acaba de llegar en un transporte de caballos, pero no como el de los templarios, sino motorizado, a la misma puerta de la iglesia. «Aquí se puede acceder desde la carretera, no hay verjas», comenta Marcelo mientras explica desde el altar los cambios y modificaciones que su familia ha realizado en el edificio sagrado, así como en una torre a modo de fortificación de defensa del siglo XI que hay muy cerca.

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«Dejo que el pastor tenga a sus ovejas en mi campo, me lo limpian y una vez al año me regala un cordero (…) y que el apicultor de la zona cuide el entorno con sus abejas, y luego tengo miel», añade.

El pantalón y la camisa negra de nuestro improvisado guía están tomando un color gris como el de su pelo. El polvo del camino empieza a hacer estragos y queremos ver esos vinos de los que tan bien habla su dueño. Pero hay una última parada antes de llegar a la bodega con los depósitos de fermentación y barrica, propios de la viticultura, y este alto en el camino es el museo.

Emprender con una importante historia familiar: marqueses del siglo XXI

Planteado así imaginamos un museo del vino, de las viñas, de los utensilios de labranza que antes se utilizaban en lugar de la mecanización actual del campo… qué sabemos nosotros, pero no. Lo que esconde la finca Viladellops es un centro de interpretación de una de las sagas más influyentes en la historia de Catalunya: los Desvalls. Marcelo Desvalls entra en el centro de interpretación y muestra con bastante sencillez la historia de su familia, «800 años de historia y más de 4.000 pergaminos y manuscritos», nos explica, «algunos de ellos están en el Archivo Nacional de Catalunya» porque obviamente aquí hay espacio, pero para su conservación es imprescindible.

Los Desvalls fueron ministros del rey, caballeros de las tierras de Lleida, militares profesionales, héroes de la Guerra de Sucesión, exiliados, senadores, mecenas y hasta nobles ilustrados. En 1706 reciben el título de marqueses de Poal y en 1796 heredan los marquesados de Llupià y d’Alfarràs. A toda esta revelación se unen dos documentos destacados y bien custodiados en las vitrinas. Uno de ellos es el ejemplar de Capitulación de Cardona de septiembre de 1714 como último acto de guerra, marcando el fin definitivo de la Guerra de Sucesión en Catalunya. El documento está redactado en lengua castellana y recoge los 23 pactos o capitulaciones que regulan la transferencia del castillo y sus fortificaciones al general borbónico. El otro de los documentos hace referencia a los planos de construcción para las fuentes y cascadas del jardín neoclásico del Laberinto de Horta, que fue construido en el barrio barcelonés del mismo nombre en 1853. Entre 1790 y 1791, Joan Anton Desvalls i Ardena —marqués de Llupià— realiza el jardín ornamental justo al lado de la casa que poseen. Años más tarde se llevará a cabo el plan hidráulico para dar agua a todo el enclave.

Lo que esconde la finca Viladellops es un centro de interpretación de una de las sagas más influyentes en la historia de Catalunya: los Desvalls. Marcelo Desvalls entra en el centro de interpretación y muestra con bastante sencillez la historia de su familia, «800 años de historia y más de 4.000 pergaminos y manuscritos.»

Después de estos hallazgos es como si el vino se hubiera colocado en un segundo término. Antes de salir de la estancia donde reside gran parte del archivo de los Desvalls, nos quedamos un poco rezagados. María José Dalmau no nos quita ojo en todo el recorrido, muy pendiente de nuestras dudas, así que le preguntamos sobre la flor a modo de logo que está en todas las botellas y barriles de la finca. «Puede ser del escudo de la familia, si veis todos los escudos de los matrimonios se dividen en dos (…) si hoy tuviéremos uno, una parte no estaría rellena porque yo no soy noble…», pero Marcelo sí, asentimos.

Ante la pregunta del marquesado, Marcelo Desvalls es esquivo. Parece que no quiere hablar de ello, y es que la figura de los marqueses del siglo XXI ha cambiado mucho sobre esa imagen que tenemos de ellos tiempo ha. «Ahora el chollo se ha acabado», asiente Desvalls. ¿Qué quieres decir con ello?, le insistimos. «Aquí hay que trabajar muy duro, yo trabajaba en un banco, pedí una hipoteca de un piso para pagar esto y levantarlo de las ruinas (…) en estos años he aprendido a trabajar con el vino», nos confiesa en un encuentro aparte, sin gente, sin ser protagonista, antes de empezar a probar sus vinos ecológicos.

Una dedicación plena, de él y de su mujer, que ya tiene sus frutos. En 2017 se le concedió el premio al mejor vino negro de Catalunya según Premis Vinari. Hoy siguen trabajando para mantener con vida las 60 hectáreas, el legado familiar y atender de primera mano a todo aquel que visita la finca. No nos deja marchar hasta que probemos los vinos. Uno de ellos, un xarel·lo, nos traslada con su toque salado a ese mar que cubría este enclave histórico hace millones de años. Recordamos en todo ese tiempo cuántas batallas e historias se han sucedido, la de Marcelo y María José es otra más para el archivo familiar. Cuesta creer que estemos aquí hoy con ellos. Cuesta creer… así que brindemos. Marcelo nos mira sonriente tras el paseo, se le ve con mucho trabajo pero feliz, «cualquier momento es bueno para abrir una botella de vino.»

AGRADECIMIENTOS


© ILUSTRACIÓN DE CABECERA: CARLOS GARCÍA RUBIO

Carlos García Rubio

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