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¿Para Qué Viajamos En El Siglo XXI?

Pido perdón por ser sincera. Lamento si alguien se siente dolido por el subtítulo de esta reflexión, aunque la frase no es mía. Tal afirmación es de Juan Carlos Rodríguez, conductor de la radio asamblearia Radio-Actius en el barrio de Poble Sec (Barcelona), expresada durante el programa especial dedicado al viaje y al gentrificador veraniego (en donde él y uno de sus colaboradores, Adrián Arnau, nos dedican unas palabras a partir del minuto 37).

Basta con ver las cifras y la cantidad de noticias durante este verano de 2019, año en el que ya se han terminado de colapsar muchos destinos. Informaciones todas relacionadas con el turismo y la invasión de éste para darse cuenta de que ya no es un problema, sino que es un cambio en el paradigma del viaje —de la sociedad, nos atreveríamos a decir—, y en el que se necesita una solución de manera urgente.

En 2018 se alcanzaron los 1.400 millones de viajeros internacionales, cifra que la Organización Mundial de Turismo había previsto para 2020. De todos ellos, los españoles viajamos un 2% más en 2018 que en el año anterior, según INE. En los lugares top de viajes se calculan estas cifras de visitantes: Cataratas del Niágara, 30 millones al año; Pirámide de Giza, 14,7; Muralla China, 10 millones, según este artículo de La Vanguardia. Y suma y sigue.

Para más inri, algunas aerolíneas (por si durante el verano no te has movido lo suficiente y tu huella de carbono no es lo suficientemente alta) tras los meses estivales ofrecen a mansalva golosos concursos en las redes sociales —con un claro objetivo de ampliar su base de datos, más likes, seguidores y un alto engagement, estrategias claras del marketing digital en donde prima más la cantidad que la calidad— para conseguir descuentos en sus billetes y viajar más, y más y más… Porque, claro, cómo estar más de un mes sin viajar. ¿Alguien se ha preguntado qué le pasaría por la cabeza si el compañero de trabajo le dice que durante sus vacaciones se va a quedar en casa? «Uy, este no tiene dinero o debe de tener un problema», pensaríamos.

Viajar como símbolo de status y alimentado por las redes sociales

Efectivamente, viajar se ha convertido en un rasgo identitario de nuestra sociedad sobre todo cuando llega el verano. ¿Por qué nos empeñamos en viajar cada mes a algún lado? porque nos gusta el destino, por postureo, porque aquel/lla influencer me lo ha dicho por sus redes, porque no nos podemos quedar en casa, qué dirían los familiares y amigos… ¿Es necesario viajar cada periodo de tiempo tan corto? Reflexionemos.

Desde Babilonia’s Travel hemos preguntado a Raquel Herrera, profesora de Comunicación y Márketing en la Escuela de Turismo y Dirección Hotelera de la Universidad Autónoma de Barcelona, sobre el significado de viaje actual. «Sigue siendo un símbolo de estatus, es decir, de pertenencia, por lo menos, a la clase mínima, sigue considerándose una actividad socialmente aceptable a pesar de la huella ecológica que deja y las transformaciones urbanas que implica», añadiendo que «no solo cuenta el viaje, sino compartirlo y alardear de él a posteriori en redes sociales».

Esas redes sociales que algunas empresas de turismo miran siempre con ansia, para ver qué influencers llevarse a su redil y explotar el destino elegido hasta la extenuación como la gallina de los huevos de oro. La cantidad de followers y el número de países visitados —muy importante y que denota status, léase con ironía— más que la calidad, por su puesto, por encima de todo. Porque el engagement que resulte ha de ser alto aunque luego el retorno de la inversión, el famoso ROI, sea bajo o nulo —vuelva a leerse con ironía—. Lo importante es estar presente en redes porque hay que estar. Un argumento muy lógico. Unas redes que llenamos gratuitamente con contenido y que son las máximas beneficiadas de este proceso con un muy positivo ROI.

Al igual sucede con los programas de afiliación, esto es, colocar un banner en una web y esperar a que alguien haga clic en tu banner y compre el servicio del que tú obtienes un 0,00000000000001% (por poner un ejemplo) de beneficio por cada compra. Una espera a veces desesperada, basta con ver algunos timelines de influencers llenos de mensajes para que compres con ellos ya que obtendrás un -% en una compra, pero que —oye— te da un caché en la página mientras la empresa tiene una publicidad visible y links hacia su página en cientos de webs de manera gratuita. Otro ejemplo de ROI positivo.

Viajar «sigue siendo un símbolo de estatus (…) considerándose una actividad socialmente aceptable a pesar de la huella ecológica que deja y las transformaciones urbanas que implica (…) y alardeando de él a posteriori en redes sociales», Raquel Herrera, profesora de Comunicación y Márketing en la Escuela de Turismo de la UAB.

¿Cómo y qué comunican las empresas de turismo?
¿Viajar es sólo tener la información práctica?

Con estas cifras bajo el brazo está claro que viajamos demasiado, pero ¿qué tipo de información sobre viajes nos llega? En definitiva, ¿cómo se comunica en el sector del viaje? ¿Es periodismo de viajes o son datos prácticos para vender un destino?

Ana Almansa Martínez, profesora Titular en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Málaga, confiesa a Babilonia’s Travel en una pregunta de email que se viaja «para evadirnos del trabajo y de nuestra vida en general, para romper con la rutina, para conocer nuevos lugares, culturas y personas (…) pudiendo conocer un lugar “casi” como si lo hubiéramos visitado simplemente utilizando las tecnologías; pero es “casi”, la vivencia en directo sigue siendo única».

Siendo así esa vivencia, ¿por qué nos empeñamos en reducir, en la mayoría de los casos, nuestra información previa a un destino buscando sólo información práctica (qué ver, dónde dormir…) y no añadimos a esa información más lecturas sobre cultura, historia y situación de la sociedad que visitamos? No es que digamos que las guías de viaje y los blogs que cuentan sólo datos prácticos no estén bien (algunos muy bien estudiados en SEO para posicionarse en Google con esos titulares de «Top 10», «Los más… los menos…», «Qué ver en…» en donde San Google es el rey, con otro ROI positivo para él), buen ejemplo son las más famosas guías de viajes de tapa azul conocidas por todos, pero… ¿Eso es viajar? ¿Esa información generará preguntas en el destino? ¿Conoceremos el porqué de lo que vemos, sus costumbres, sólo leyendo datos prácticos? Más bien no y más si están escritos en primera persona cuando alguien cuenta su propia experiencia. ¿Eso es periodismo de viajes? No. Es un diario personal volcado en una web y retocado para San Google, «una acción situada en la frontera entre la legítima búsqueda de más audiencia y el respeto a los principios de calidad» que puede salirnos muy caro como se explica en este artículo de El País.

¿Entonces los blogs de viajes que se dedican a publicar sólo información práctica son los que nos llevan a visitar el lugar sin indagar más? Nosotros creemos que no. En la comunicación también entra en juego las inquietudes personales, las agencias de promoción turística y las empresas turísticas.

En el caso de las personas individuales, María Moro, politóloga, asegura a Babilonia’s Travel en una entrevista que los viajeros «deben concienciarse sobre la necesidad de cuidar y proteger el entorno incluso cuando se viaja, aplicable cuando se está en casa y cuando se viaja de igual manera, contribuyendo, por ejemplo, a que los comercios locales puedan permanecer abiertos sin acudir de forma innecesaria a grandes empresas que abren negocios estratégicos en lugares turísticos sin tener en cuenta lo importante que es el trato humano y la cultura local, motivo principal por el que viajamos».

El cómo se difunde un destino es más que importante, ya lo contamos en el artículo sobre la agencia de promoción turística de Holanda y todos los cambios que estaba llevando a cabo para potenciar más otros lugares menos visitados y, así, replantearse que algo estaban haciendo no del todo bien. En cuanto a algunas empresas turísticas de los grandes grupos, basta con ver la cantidad de hoteles “todo incluido” que hay en los principales destinos del Caribe donde antes estaba la selva, por poner un ejemplo. Sí, dan puestos de trabajo, pero ¿quizás se podría haber hecho de una manera más sostenible y a favor de las comunidades locales? No es necesario añadir mucho más, por mucho que se intenten vender ahora “experiencias” en el destino.

Destinos que se venden meramente como sol y playa y cuando los vives más allá de la información práctica, te das cuenta de que ese lugar se aleja bastante de la foto que se anunciaba en la marquesina del autobús. La política, los problemas sociales, la situación de la población… todo se deja fuera porque hay que mostrar una imagen idílica y paradisíaca. Un ejemplo bajado a tierra: ¿hay alguna comunicación turística que mencione cómo es el sistema sanitario o alimenticio en Cuba con entrevistas locales? Ahora busca en San Google «qué ver en Cuba» y mira lo que sale. Efectivamente, «Las X mejores cosas que ver y hacer», «Imprescindibles», «Top 10…»

No es que digamos que las guías de viaje y los blogs que cuentan sólo datos prácticos no estén bien, pero… ¿Eso es viajar? ¿Esa información generará preguntas en el destino? ¿Conoceremos el porqué de lo que vemos, sus costumbres, sólo leyendo datos prácticos? ¿Eso es periodismo de viajes? No. Es un diario personal volcado en una web y retocado para San Google

Vendiendo esta información idílica, cómo puede ser que luego nos echamos las manos a la cabeza cuando vemos saturado un destino si estamos diciendo al público que es lo mejor del mundo visitarlo enseñando una mínima parte del lugar. ¿Por qué no enseñarlo todo? Porque es mejor publicar lo bonito, lo agradable, la foto captada de tal manera para el algoritmo de Instagram, etc. y, claro, el público quiere copiar esas fotos, esos tipos de viajes y luego nos quejamos de cómo está el mundo de saturado. Muy coherente, sí señor.

Sería muy egoísta pensar que nosotros (los que nos dedicamos al sector del viaje) no contribuimos a eso, porque lo hacemos. Al igual que sería muy egoísta y elitista pensar que nos estorban los turistas en un destino porque nosotros también lo somos. La autocrítica debería comenzar por uno mismo.

El cambio empieza por un mea culpa siendo turista ir-responsable

Sí, desde que hemos vuelto de este #viajarsincolonizar 2019 por el #Caribe no podemos dejar de pensar y de evaluar cómo se plantea el sector del viaje porque, ya no es sólo la huella ecológica, sino también la manera en la que dejamos nuestra huella social. Aunque lo más importante es darse cuenta de nuestros errores para comenzar a rectificar.

Así que comienzo por mí misma, la que aquí escribe que durante décadas cometió estos errores.

Desde los años ochenta del siglo pasado —una que tiene ya una edad— viajo en avión (cuando viajar en avión era muy diferente a lo que hoy conocemos, o visitar un lugar sin tener que sacar pecho para poder hacer una foto), y no ha habido ni un solo año que no haya dejado de viajar. Por el momento, lo he hecho a casi 50 países, sí, cuando no existía internet y la única forma de alardear era invitando a familiares y amigos a largas sesiones de diapositivas. Comento la cifra porque como la calidad del que escribe sobre viajes —parece que— se basa en la cantidad de países, para dejarlo constancia al menos aquí…

He conocido estos lugares de todas las maneras posibles, con viajes organizados, tours, a mi aire, de mochilera, de viaje de prensa, de escapadas de fin de semana a todo correr, tachando lugares… Y desde muchos ángulos, viendo el viaje sólo desde el visor de la cámara (con miles de fotos), no hablando con la gente, alojándome en sus casas, alojándome en albergues, en hoteles, en todos incluidos, en baratos, en lujosos… He montado en diferentes animales, he nadado con otras especies, he tenido experiencias egoístas, he sido turista irresponsable, vaya. Y, además, un día se me ocurrió cofundar la primera asociación de bloggers de viajes de Barcelona en donde solía oír la pregunta de «cuándo es el próximo viaje gratis». Una competencia para el sector periodístico de viajes y un acierto para algunas agencias de turismo. Nadie es perfecto.

Y de lo que me he dado cuenta después de todo este tiempo es que no quiero volver a cometer esos errores, al menos de manera consciente. Prefiero estar hablando horas con un local sobre sus problemáticas que visitar y tachar en mi lista los monumentos. Prefiero parar varios días y saborear el mismo lugar que no salir corriendo porque hay que ver todas las ciudades del país. Prefiero respetar sus costumbres que no estar cabreada durante días porque me molesta estar fuera de mi zona de confort. Prefiero dejar mi dinero a la comunidad local para no contribuir a esa desigualdad social tan bien explicada por Travindy, que no contratar el viaje a una multinacional. Prefiero viajar menos pero vivirlo más y con más calidad.

Quizás muchas de las soluciones pasan, precisamente, por esto: «viajar menos y mejor, lo cual pasaría, probablemente, por sustituir el avión por el tren», nos comenta la profesora Raquel Herrera. Tampoco creemos que la solución sea la drástica no viajar, como se argumenta en Vice. Para nosotros una de las opciones es viajar menos y mejor, aunque en los últimos meses se están planteando otras como limitar las millas por pasajero y año, y que tomar un avión sea una vergüenza (un movimiento sueco denominado flygskam opuesto al tagskryt que es el orgullo de viajar en tren, bajo el hashtag #StayOnTheGround) como es hoy que no reciclemos o compremos bolsas de plástico en el súper. Aunque no hay que olvidar que la energía que se genera para mover el tren también contamina. Además de transformar esa conciencia ecológica, también no debemos olvidar la social que incluye que los «turistas urbanos vuelvan a concebir sus viajes como una experiencia de descubrimiento, desde el cuidado y el respeto a la cultura de acogida», según analiza El País.

Termino Terminamos pidiendo perdón

Pedimos perdón por haber contribuido de alguna manera antes a lo que ahora ya no queremos ser.

Babilonia’s Travel nació con la intención de contar el mundo desde otra perspectiva, para llegar al destino y mirar de tú a tú y de igual a igual comprendiendo su historia y su cultura. No quisimos ser desde un primer momento repetidores de información, tuvimos claro que en raras ocasiones publicaríamos textos sólo con datos prácticos, es por ello que algunas agencias no quisieron participar con nosotros porque no les seguíamos el rollo (perdiendo en el camino viajes “gratis”). Qué lástima (léase con ironía). Preferimos pagarlos de nuestro bolsillo y escribir lo que queramos.

De lo que me he dado cuenta después de todo este tiempo es que no quiero volver a cometer esos errores, al menos de manera consciente. Prefiero estar hablando horas con un local sobre sus problemáticas que visitar y tachar en mi lista los monumentos.

Durante este viaje estival en 2019 sobre #viajarsincolonizar hemos tenido muchas reflexiones sobre si dejar de contribuir al sector del viaje porque es una industria con unos muros muy fuertes y fijados, difíciles de derribar. Basta con darse una vuelta en redes para ver los contenidos sobre viajes. Sin embargo, tras un periodo de reflexión hemos tomado varias decisiones para intentar ser más coherentes con nuestro discurso:

  1. Hemos revisado nuestros banners de afiliados que hemos eliminado de la página y de la newsletter.
  2. Sobre publicar en Instagram tanto en stories como en el timeline será más prolongado en el tiempo porque creemos que es una red que nada contribuye para bien al sector, y que incrementa el cotilleo, envidias e individualismos innecesarios.
  3. Seguiremos publicando crónica periodística ilustrada, aunque no sea lo mejor para San Google ni para las empresas turísticas, pero el cambio está por llegar… tiempo al tiempo.
  4. Fortaleceremos nuestro discurso creando sinergias con empresas que están ligadas a realmente #viajarsincolonizar y no en hacer un #greenwashing o en conseguir likes.
  5. La apuesta sobre la calidad, más que sobre la cantidad, es más que evidente. No lo decimos nosotros, lo decís vosotros aquí y en los mensajes que nos llegan (si no creemos en nosotros, ¿quién lo hará?)
  6. Nos encantaría publicar más, al igual que nuestros libros en papel, pero lamentablemente tenemos más trabajos aparte de escribir e ilustrar aquí para pagarnos parte de los viajes y vivir, que no vivimos de las rentas. Te pedimos paciencia si los contenidos tardan en llegar. Los horneamos a fuego lento.
  7. El cambio comienza en casa. El respeto y la educación se generan aquí y no en el viaje.

Por lo tanto, te rogamos encarecidamente que si no estás de acuerdo con nuestra línea editorial te animamos a que no nos sigas, no buscamos followers ni likes, no queremos contribuir a que unas redes sociales se beneficien de nuestro contenido de manera gratuita. Buscamos viajeros-turistas-lectores-gente inquieta que estén dispuestos a conocer el mundo más allá de las guías de viajes (no sólo quedarse en el qué ver y qué hacer), y a involucrarse en el día a día del local. Todo suma. Nuestro ROI (retorno de la inversión) será positivo para ti, para tu alma y para la experiencia compartida, no individual. Nosotros seguiremos contando el mundo como nadie te lo pinta, con historias de vidas dibujadas. ¿Te unes al próximo cambio o quieres seguir siendo lo que los pedos de las vacas al cambio climático?

Esta entrada tiene 4 comentarios

    1. Muchas gracias por tu comentario, y en verdad tienes toda la razón del mundo. Aunque nosotros pensamos que es más poner cada uno de su parte que otra cosa. Situación parecida había hace años con el tema del reciclaje y las bolsas y botellas, y ahora en poco tiempo todo el mundo ha modificado sus hábitos en favor de la sociedad y la ecología. Todo es ponerse manos a la obra y querer evolucionar.

  1. Me ha gustado mucho vuestro post y todos los temas sobre los que reflexiona.

    Antes de organizar un viaje a mí me gusta leer literatura local para entender el contexto histórico y social y poder empatizar un poquito más con el lugar que visito.
    Cada día desconfío más del «que ver» y «que hacer» porque siempre son los mismos y a mí como lectora y como blogger me gusta más el comprender que el ver.

    Muchas veces hablando con gente que ha viajado mucho me da la sensación de que han pisado muchos países pero les ha calado poca cosa. Ir y volver de un lugar sin entender cómo es la gente, ni lo que piensa, ni lo que sucede allí.
    Me gusta ponerme en contexto antes de ir para no colonizar, ni cometer errores culturales, entender y dejar que eso me enriquezca. Que al fin y al cabo para mí es la esencia de viajar.

    Yo también tengo una línea editorial propia bastante extraña, así que os entiendo perfectamente y me parece fantástico.

    Un abrazo

    Clara

    1. Hola Clara
      Muchísimas gracias por tu comentario. Sólo podemos añadir, que ojalá el mundo tuviera más viajeras y, por ende, personas tan curiosas e involucradas en el otro como tú, además de no seguir las estelas creadas por un sector que necesita un cambio ya. Somos unas ‘antisistemas’… jajajaj!!! Espero que nos conozcamos pronto. Un abrazo para ti también.

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